sábado, 1 de febrero de 2014

ES COMO UNA MAREA


Es como una marea, cuando ella clava en mí
sus ojos enlutados,
cuando siento su cuerpo de greda blanca y móvil
estirarse y latir junto al mío,
es cómo una marea, cuando ella está a mi lado.

He visto tendido frente a los mares del Sur,
arrollarse las aguas y extenderse
inconteniblemente,
fatalmente
en las mañanas y al atardecer.

Agua de las resacas sobre las viejas huellas,
sobre los viejos rastros, sobre las viejas cosas,
agua de las resacas que desde las estrellas
se abre como una inmensa rosa,
agua que va avanzando sobre las playas como
una mano atrevida debajo de una ropa,
agua internándose en los acantilados,
agua estrellándose en las rocas,
agua implacable como los vengadores
y como los asesinos silenciosa,
agua de las noches siniestras
debajo de los muelles como una vena rota,
como el corazón del mar
en una irradiación temblorosa y monstruosa.

Es algo que me lleva desde adentro y me crece
inmensamente próximo, cuando ella está a mi lado,
es cómo una marea rompiéndose en sus ojos
y besando su boca, sus senos y sus manos.

Ternura de dolor, y dolor de imposible,
ala de los terribles deseos,
que se mueve en la noche de mi carne y la suya
con una aguda fuerza de flechas en el cielo.

Algo de inmensa huida,
que no se va, que araña adentro,
algo que en las palabras cava tremendos pozos,
algo que contra todo se estrella, contra todo,
como los prisioneros contra los calabozos!

Ella, tallada en el corazón de la noche,
por la inquietud de mis ojos alucinados:
ella, grabada en los maderos del bosque
por los cuchillos de mis manos,
ella, su goce junto al mío,
ella, sus ojos enlutados,
ella, su corazón, mariposa sangrienta
que con sus dos antenas de instinto me ha tocado!

No cabe en esta estrecha meseta de mi vida!
Es como un viento desatado!

Si mis palabras clavan apenas como agujas
debieran desgarrar como espadas o arados!

Es como una marea que me arrastra y me dobla,
es como una marea, cuando ella está a mi lado!



Pablo Neruda (Parral 1904 - Santiago de Chile 1973)

LO QUE DEJÉ POR TÍ


Dejé por ti mis bosques, mi perdida 
arboleda, mis perros desvelados, 
mis capitales años desterrados 
hasta casi el invierno de la vida.


Dejé un temblor, dejé una sacudida, 
un resplandor de fuegos no apagados, 
dejé mi sombra en los desesperados 
ojos sangrantes de la despedida.


Dejé palomas tristes junto a un río, 
caballos sobre el sol de las arenas, 
dejé de oler la mar, dejé de verte.

Dejé por ti todo lo que era mío. 

Dame tú, Roma, a cambio de mis penas, 
tanto como dejé para tenerte.


Rafael Alberti (El Ptº de Stª María 1902 - Ibideim 1999)

QUIZA EL AMOR ES SIMPLEMENTE ESTO


Quizá el amor es simplemente esto:
entregar una mano a otras dos manos,
olfatear una dorada nuca
y sentir que otro cuerpo nos responde en silencio.

El grito y el dolor se pierden, dejan
sólo las huellas de sus negros rebaños,
y nada más nos queda este presente eterno
de renovarse entre unos brazos

Maquina la frente tortuosos caminos
y el corazón con frecuencia se confunde,
mientras las manos, en su sencillo oficio,
torpes y humildes siempre aciertan.

En medio de la noche alza su queja
el desamado, y a las estrellas mezcla
en su triste destino.
Cuando exhausto baja los ojos, ve otros ojos
que infantiles se miran en los suyos.

Quizá el amor sea simplemente eso:
el gesto de acercarse y olvidarse.
Cada uno permanece siendo él mismo,
pero hay dos cuerpos que se funden.

Qué locura querer forzar un pecho
o una boca sellada.
Cerca del ofuscado, su caricia otro pecho exige,
otros labios, su beso,
su natural deleite otra criatura.

De madrugada, junto al frío,
el insomne contempla sus inusadas manos:
piensa orgulloso que todo allí termina;
por sus sienes las lágrimas resbalan...
Y sin embargo, el amor quizá sea sólo esto:
olvidarse del llanto, dar de beber con gozo
a la boca que nos da, gozosa, su agua;
resignarse a la paz inocente del tigre;
dormirse junto a un cuerpo que se duerme.


Antonio Gala (Brazatortas, Ciudad Real 1930)



miércoles, 1 de enero de 2014

DE FRIO Y DE HIELO

Este invernal mes de enero del nuevo año, nuestro blog se ha vuelto frío y helado ante este ambiente gélido e intempestivo que no invita siquiera a salir de casa. Este mes,  nuestro Cuaderno de Poesía lo hemos ambientado con algunos poemas referentes a este fenómeno climatológico que aparece en esta estación invernal haciendo como si el mundo se aletargase o congelase por unas semanas ...


Un frío agudo e intenso,
que penetra
y se hunde hasta el tuétano de los huesos,
unos escalofríos
que rechinan los dientes
y sacuden espasmódicamente los cuerpos.

Un frío que asola
con su manto de hielo
los páramos inmensos,
la fragilidad minúscula de los pueblos,
los ramajes blancos de los abetos
en un mundo aletargado y gélido.

Chimeneas de humos espirales
con olor a hogar y a leña,
lucecillas tras las ventanas
de aquellas casas de piedra
de cristaleras empañadas,
animales al calor del establo
y al cobijo de la nevada,
ríos helados de aguas cuajadas
en un mundo de escarcha.

El invierno mas largo y helado
de la estación mas olvidada,
vientos largos y cortantes
que recorren y castigan
la naturaleza mas desolada,
secuencia de huellas perdidas
que borrará la próxima nevada,
tímidos rayos de sol
que se reflejan en las nieves blancas,
estampas frías del invierno
de las tierras altas de España.

José Manuel Monge Alvarez (Sanlúcar de Barrameda 1964)

MALVA LUNA DE YELO



Las floridas espaldas ya en la nieve, 
y los cabellos de marfil al viento. 
Agua muerta en la sien, el pensamiento 
color halo de luna cuando llueve.

¡Oh qué clamor bajo del seno breve; 
qué palma al aire el solitario aliento, 
qué témpano cogido al firmamento, 
el pie descalzo, que a morir se atreve!

¡Brazos de mar, en cruz, sobre la helada 
bandeja de la noche; senos fríos, 
de donde surte, yerta, la alborada;

oh piernas como dos celestes ríos, 
Malva-luna-de-yelo, amortajada 
bajo las mares de los ojos míos!



Rafael Alberti (Ptº de Stª María 1902 - Ibideim 1999)

EL FRIO



Viento negro secreto que sopla entre los huesos,
sangre del mar que tengo entre mis venas cerradas,
océano absoluto que soy cuando, dormido,
irradio verde o fría una ardiente pregunta.

Viento de mar que ensalza mi cuerpo hasta sus cúmulos,
hasta el ápice aéreo de sus claras espumas,
donde ya la materia cabrillea, o lucero,
cuerpo que aspira a un cielo, a una luz, propia y fija.

Cuántas veces de noche rodando entre las nubes, o acaso bajo tierra,
o bogando con forma de pez_ vivo,
o rugiendo en el bosque como fauce o marfil;
cuántas veces arena, gota de agua o voz. sólo,
cuántas, inmensa mano que oprime un mundo alterno.

Soy tu sombra, camino que me lleva a ese límite,
a ese abismo sobre el que el pie osaría,
sobre el que acaso quisiera volar como cabeza,
como sólo una idea o una gota de sangre.

Sangre o sol que se funden en el feroz encuentro,
cuando el amor destella a un choque silencioso,
cuando amar es luchar con una forma impura,
un duro acero vivo que nos refleja siempre.

Matar la limpia superficie sobre la cual golpeamos,
bruñido aliento que empañan los besos, no los pájaros,
superficie que copia un cielo estremecido,
como ese duro estanque donde no calan piedras.

Látigo de los hombres que se asoma a un espejo,
a ese bárbaro amor de lo impasible o entero,
donde los dedos mueren como láminas siempre,
suplicando, gastados, un volumen perdido.

¡Ah maravilla loca de hollar el frío presente,
de colocar los pies desnudos sobre el fuego,
de sentir en los huesos el hielo que nos sube
hasta notar ya blanco el corazón inmóvil!

Todavía encendida una lengua de nieve
surte por una boca, como árbol o unas ramas.
Todavía las luces, las estrellas, el viso,
mandan luz, mandan aire, mandan amor o carne.


Vicente Aleixandre (Sevilla 1898 - Madrid 1984)