lunes, 1 de agosto de 2011

MAR INSÍPIDO



El mar de tan insípido es inmenso
no tiene corazón ni abrecaminos
cual saliva de dios inexplicable
viene y se va sin entregarnos nada


el mar opaco o transparente crece
o decrece en el lecho de su hondura
señor de los naufragios deja cuerpos
en las islas que esperan su legado


a sus olas sin sol no las conmueve
ni la sirena fiel de Copenhague
el mar no es un puñal / son mil puñales
que acaban con los viejos pescadores


no sabe perdonar / su ley de siempre
es que el pez grande ha de comerse al chico
nosotros pasaremos pero el mar
quedará como sábana y testigo

Mario Benedetti (Uruguay 1920 – 2009)

NO INTENTEMOS EL AMOR NUNCA





Aquella noche el mar no tuvo sueño,
cansado de contar, siempre contar a tantas olas,
quiso vivir hacia lo lejos,
donde supiera alguien de su color amargo.

Con una voz insomne decía cosas vagas,
barcos entrelazados dulcemente
en un fondo de noche,
o cuerpos siempre pálidos, con su traje de olvido
viajando hacia nada.

Cantaba tempestades, estruendos desbocados
bajo cielos con sombra,
como la sombra misma,
como la sombra siempre
rencorosa de pájaros estrellas.

Su voz atravesando luces, lluvia, frío,
alcanzaba ciudades elevadas a nubes,
cielo Sereno, Colorado, Glaciar del Infierno,
todas puras de nieve o de astros caídos
en sus manos de tierra.

Mas el mar se cansaba de esperar las ciudades,
allí su amor tan sólo era un pretexto vago
con sonrisa de antaño,
ignorado de todos.

Y con sueño de nuevo se volvió lentamente
adonde nadie
sabe nada de nadie,
adonde acaba el mundo.

Luis Cernuda (Sevilla 1902 – México D.F. 1963)

ME ACARICIAS



Con tu cuerpo revoltoso
cubriéndome de algas
o de pececillos despistados
que resbalan entre mis dedos
como tu espuma blanca,
como el canto melifluo y sincopado
de tus risas y de tus quejas.

Me sumerjo en ti
y me mandas tu mensaje
de caracolas lejanas,
o me golpeas duramente con tus olas
zarandeando mis silencios
que quieren esconderse
del otro lado del inicio del levante.

A veces me arrastras,
me llamas desde tus corrientes
escondidas y falaces
susurrándome con tus resacas
promesas de sirenas y jardines
mar adentro...
Y a veces estoy a punto de creerte.

LUIS ENRIQUE PRIETO , Melilla (España) 1947

ESCÚCHAME MAR


Ahora me voy. Me voy
pero no te dejo
porque es imposible dejar el corazón
y llevarse tan solo el cuerpo...
 Me voy hacia tierra adentro
pero llevo pegado a los costados
todo tu mundo abierto de promesas
que has dejado colgadas
de mi alma mensajera.


Y llevo tus olas y la furia
de tus vientos contrapuestos,
y la sangre de tus gentes laborantes
y de las gentes que se pierden
en tu frontera maldita.


Y llevo tu magia y tus misterios,
tus colores y el ronroneo incesante
de la música de tu cuerpo
cuando choca con el aire
o cuando besa las arenas soñadoras
de las playas recelosas.
Y llevo, sobre todo y más que nada,
llevo todas tus promesas
y todos tus silencios...


Te llevo, mi mar,
hacia donde la tierra
huele y sabe a materia prometida,
donde el viento choca con las rocas
y el agua no tiene salitre
ni peces, ni algas, ni cangrejos...


Pero te llevo hasta la próxima.



LUIS ENRIQUE PRIETO Melilla (España) 1947

sábado, 2 de julio de 2011

ESTÍO RADIANTE







Polvorientas encinas viejas
salpicadas por los eriales,
hierbajos y retama seca,
en medio de la tarde yerma.
Cara tostada del paisaje
ante la tarde veraniega.

Los cardos de flores moradas,
merodeados por las abejas,
zumbido en la tarde silenciosa.
Luciendo sus preciosas alas,
allí, entre unas matas muertas,
también está la mariposa.

Hay una tierra polvorienta
en el trazado del camino,
pisoteada por las carretas
y bordeada por grama seca.
El camino es solo y sombrío
entre eriales y sementeras.

En torno a él crecen carrizos,
con sus flores enaltecidas.
Hoy están quietos, expectantes,
como apagados, sin brío,
no sopla ni un poco de brisa
que les haga balancearse.

La calma es casi abrumadora.
El sol, aunque más bajo,
aún calienta con fuerza,
su luz radiante, cegadora,
asoladora de los campos,
no se desvanece ni altera.

De entre zarzas y matorrales
resurgen cantos de cigarras,
hijas de épocas estivales,
morenas cantoras joviales.
¿Qué serán en las tardes pardas?.
Tal vez mueran de frío y hambre.

Mientras las tarde palidece,
y los abrasadores rayos,
se esconden y desaparecen.
El campo queda incandescente,
hasta poder ser reanimado
por los frescores del relente.

La noche es templada, serena,
corre una tibia brisa suave
que acaricia las hojas secas.
En el cielo hay luna llena,
una luna risueña, vieja,
destellando como una madre,
sobre una cortina de estrellas.

El camino es todo una penumbra,
que vuelve a la noche violeta
que produce sombras oscuras
en los bosques y las sierras.
Todo está en calma y dormitando,
menos las flores que aún quedan,
porque se han quedado llorando,
a la madrugada muerta.


José Manuel Monge, Sanlúcar de Barrameda 1964.

BEBEDOR DE AJENJO



Si siempre estoy ensayando
mi sonrisa amarga y triste,
es porque estoy esperando
a una mujer que no existe.

Víctima del desencanto
sufro martirios letales;
por eso adoro yo tanto
mis dichas artificiales.

Paraísos artificiales
que huyen del ruido y del sol…
¡Mis rimas son inmortales,
pues son hijas del alcohol!

Soy mísero y decadente;
en mi alma el hastío muerde.
Por eso adora mi mente
los sueños del licor verde.

Licor venenoso y triste
que como un suave beleño,
un grato perfume diste
al cadáver de mi ensueño.

Licor que tiene el matiz
de unos ojos que yo amé,
y del tinte del tapiz
en que danzó Salomé.

(Ojos glaucos y perversos
que asesinasteis mi vida,
y le disteis a mis versos
fragancia de flor podrida.)

Turbio ajenjo sibilino
que tienes el sabor fuerte;
que harás de mi desatino
vestíbulo de la Muerte.

Cómplice de la locura,
mis hojas muertas no arranques,
licor que todo lo cura,
licor de color de estanques…
Si siempre estoy ensayando
mi sonrisa amarga y triste,
es porque estoy esperando
a una mujer que no existe.

Mauricio Bacarisse (1895-1931)